Publicado en: Artículos, B2B, Estrategia, Marketing · Lectura: 6 min. · enero de 2026

Has invertido semanas en desarrollar tu nueva estrategia de marketing B2B. Has analizado el mercado, definido tu propuesta de valor, establecido objetivos claros y asignado presupuesto. El plan es sólido, ambicioso y realista a partes iguales. Tus asesores externos te felicitan. En la reunión de dirección, todos asienten. Tu plan de marketing es perfecto sobre el papel. Entonces, ¿por qué no funciona?

Seis meses después, los resultados brillan por su ausencia. Los equipos comerciales siguen vendiendo como siempre. Marketing genera contenido que nadie en ventas utiliza. El mensaje corporativo que tanto costó definir se diluye en cada conversación con clientes. Y tú te preguntas: ¿qué ha fallado?

La respuesta es incómoda: tu estrategia no falló por ser mala. Falló porque tu cultura organizacional la devoró antes de que pudiera dar frutos. Y eso tiene un coste.

El mito de Drucker y la realidad que nadie quiere admitir

«Culture eats strategy for breakfast» es una de las frases más citadas en salas de juntas de todo el mundo. Durante décadas se atribuyó al legendario consultor Peter Drucker, padre del management moderno. El problema es que Drucker nunca dijo eso.

Según el Drucker Institute de la Universidad de Claremont, no existe evidencia documental de que Drucker pronunciara esta frase. La primera mención verificable aparece en 2006, cuando Mark Fields, entonces presidente de Ford América, la escribió en la pared de su sala de reuniones. Fields lo explicó así a la prensa: «Puedes tener el mejor plan del mundo, pero si la cultura no lo permite, morirá en la vid».

¿Por qué importa quién lo dijo? Porque la frase captura una verdad tan incómoda que necesitábamos atribuírsela a un gurú indiscutible para poder asumirla. La realidad es que la mayoría de directivos prefieren creer que sus problemas son de estrategia —algo que pueden controlar, planificar, subcontratar— que admitir que la cultura de su organización está saboteando cualquier intento de cambio.

Y esa negación tiene un coste altísimo.

Cuando la estrategia choca contra el muro invisible

La cultura organizacional no es lo que está escrito en tu página de «Misión y Valores». No son las frases motivacionales en la entrada de la oficina ni el discurso del CEO en la cena de Navidad. La cultura es lo que realmente ocurre cuando nadie está mirando: cómo se toman las decisiones, qué comportamientos se toleran, qué se premia y qué se castiga.

Es el conjunto de creencias compartidas, normas no escritas y hábitos arraigados que dictan cómo funciona una organización en el día a día. Edgar Schein, investigador del MIT y referente mundial en cultura organizacional, la definió como «el conjunto de asunciones básicas que un grupo ha inventado, descubierto o desarrollado al aprender a enfrentarse con sus problemas».

Las empresas industriales y B2B son especialmente vulnerables a los problemas culturales. ¿Por qué? Porque muchas han crecido de forma orgánica durante décadas, acumulando capas de «así se han hecho siempre las cosas» sin cuestionarlas jamás. El fundador que empezó vendiendo puerta a puerta creó unos hábitos. Su sucesor añadió otros. La fusión con ese distribuidor regional trajo sus propias costumbres. Y nadie se detuvo a preguntarse si todo eso todavía tenía sentido.

El resultado es una fragmentación cultural silenciosa pero letal. Producción tiene su cultura. Comercial tiene la suya. Administración va por otro lado. Y cuando llega el momento de implementar una estrategia de marca unificada o un nuevo enfoque de marketing digital, cada departamento la interpreta —o la ignora— según sus propios códigos culturales.

En una PYME industrial típica, la cultura no se diseña. Se sedimenta. Y esa sedimentación acaba convirtiéndose en el principal obstáculo para cualquier transformación estratégica.

Los síntomas de una cultura que está matando tu estrategia

¿Cómo saber si tu cultura está saboteando tu estrategia y tu crecimiento? Aquí van algunas señales de alarma que vemos constantemente en empresas industriales:

El síndrome del silo departamental

Marketing crea materiales que ventas nunca usa. Ventas promete cosas que producción no puede cumplir. Producción diseña mejoras que nadie en comercial sabe explicar a los clientes. No es mala voluntad. Es que cada área funciona con su propia lógica interna, sus propios incentivos, su propio lenguaje. Cuando intentas implementar una estrategia corporativa que requiere coordinación, chocas contra muros invisibles de incomprensión mutua.

La resistencia pasiva

En la reunión de lanzamiento de la nueva estrategia, todo el mundo asiente. Nadie levanta objeciones. Pero dos meses después, nada ha cambiado. Los equipos siguen haciendo lo de siempre. Cuando preguntas, te dicen que «están en ello», que «es complejo», que «necesitan más tiempo». La realidad es que la cultura existente tiene anticuerpos muy efectivos contra el cambio. No es que se opongan activamente. Simplemente, la inercia cultural es más fuerte que cualquier directriz estratégica.

El caso del técnico que contradice a ventas

Este es especialmente común en empresas industriales. Ventas vende una imagen de marca. Pero cuando el técnico llega a la instalación, sus palabras, su actitud, incluso su forma de vestir, contradicen completamente ese posicionamiento. ¿Por qué? Porque nadie le ha explicado que él también es embajador de la marca. Porque la cultura interna no ha integrado esa realidad. Porque entre lo que dice el PowerPoint corporativo y lo que ocurre en el taller hay un abismo cultural.

«Siempre lo hemos hecho así»

Esta frase es la sentencia de muerte de cualquier estrategia de transformación. Cuando aparece, estás ante una cultura que prioriza la estabilidad sobre la adaptación, la tradición sobre la innovación, el confort sobre el crecimiento. Y ninguna estrategia, por brillante que sea, puede competir contra ese peso muerto cultural.

Por qué fracasan el 75% de las implementaciones estratégicas

Los datos sobre fracaso estratégico son demoledores. Según Harvard Business Review, el 67% de las estrategias bien formuladas fracasan en su ejecución. Kaplan y Norton, creadores del Balanced Scorecard, elevan esa cifra hasta el 90%.

¿La causa principal? No es falta de inteligencia estratégica. No es competencia feroz. No es escasez de recursos.

Es la cultura.

Una investigación de Harvard encontró que hasta el 75% de las organizaciones luchan por implementar sus estrategias debido a obstáculos culturales. Más impactante aún: una cultura organizacional efectiva puede explicar hasta el 50% de la diferencia de rendimiento entre empresas del mismo sector.

Piénsalo un momento. Dos empresas industriales en el mismo mercado, con productos similares, recursos comparables y estrategias igualmente válidas sobre el papel. Una triplica el crecimiento de la otra. ¿Por qué? Porque en una, la cultura organizacional actúa como acelerador de la estrategia. En la otra, como freno de mano permanentemente activado.

Estudios recientes de Culture Partners demuestran que las empresas con culturas de alto rendimiento logran 2.5 veces más crecimiento de ingresos que sus competidores. Y los empleados comprometidos en culturas orientadas a resultados muestran un 23% más de rentabilidad y un 18% más de productividad.

La brecha entre planificación y ejecución no es técnica. Es cultural. Puedes contratar a la mejor consultora estratégica del mundo. Puedes diseñar el plan de marketing B2B más sofisticado. Pero si tu cultura organizacional no está alineada con ese plan, fracasarás.

Y el coste de ignorar esta realidad es brutal. No solo en términos de oportunidades perdidas y recursos desperdiciados, sino en algo más devastador: la pérdida de credibilidad. Cuando lanzas la tercera o cuarta «nueva estrategia» que tampoco llega a ningún lado, tus equipos dejan de creerte. Se instala el cinismo. Y recuperar la confianza después de eso es casi imposible.

Solución: Alinear cultura y estrategia antes de lanzar el plan de marketing

La buena noticia es que la cultura organizacional, aunque persistente, no es inmutable. Puede evolucionar. Puede alinearse con nuevas estrategias. Pero requiere un enfoque deliberado, honesto y paciente.

Empieza con un diagnóstico cultural real

Antes de lanzar tu próxima estrategia de marketing o rebranding, dedica tiempo a entender la cultura actual de tu organización. Y no nos referimos a encuestas genéricas de clima laboral. Hablamos de identificar las normas no escritas, los incentivos reales (no los declarados), los comportamientos que se premian y los que se castigan, qué costumbres o perfiles impiden el cambio.

Pregúntate: ¿Cómo se toman realmente las decisiones aquí? ¿Qué pasa cuando alguien propone hacer algo diferente? ¿Qué historias se cuentan en los pasillos? ¿Qué comportamientos de liderazgo se toleran aunque contradigan los valores oficiales? Las respuestas a estas preguntas te dirán más sobre tu cultura que cualquier documento corporativo.

Identifica las resistencias antes de que se conviertan en bloqueos

Toda estrategia nueva amenaza algún aspecto de la cultura existente. Tal vez pide más colaboración en una cultura individualista. O más agilidad en una cultura que premia la estabilidad. O más orientación al cliente externo en una cultura obsesionada con la perfección técnica interna.

No ignores esas tensiones esperando que «la gente se adapte». Nómbralas. Discútelas abiertamente. Explica por qué el cambio es necesario, pero también reconoce qué se va a perder. La resistencia al cambio no es irracionalidad. Es miedo legítimo a que desaparezca algo que funcionaba o a perder el control.

Involucra a los equipos desde el principio, no al final

Uno de los errores más comunes es desarrollar la estrategia en un despacho (o con consultores externos) y luego «comunicarla en cascada» a la organización. Ese enfoque top-down garantiza resistencia cultural.

En su lugar, involucra a personas de diferentes niveles y áreas en el proceso de diseño estratégico. No para que voten o consensúen cada decisión, sino para que aporten perspectivas reales del terreno. Cuando alguien ha contribuido a diseñar la estrategia, no la ve como algo impuesto. La siente como algo propio. Y la defiende.

Crea embajadores internos del cambio

En toda organización hay personas que entienden la necesidad del cambio y tienen credibilidad entre sus compañeros. No siempre son los directivos. A veces son técnicos senior, comerciales veteranos o mandos intermedios respetados.

Identifícalos. Involúcralos. Dales formación específica sobre la nueva estrategia. Escucha sus dudas y ajusta lo que tenga sentido ajustar. Y luego confía en ellos para que evangelicen el cambio en sus áreas. Estos embajadores culturales son infinitamente más efectivos que cualquier comunicación corporativa formal.

Alinea los incentivos con la nueva estrategia

Puedes predicar colaboración todo lo que quieras. Pero si tus sistemas de evaluación y remuneración siguen premiando solo el rendimiento individual, la cultura no cambiará. Lo que se mide y se premia es lo que se hace. Asegúrate de que tus incentivos formales e informales empujan en la dirección de tu nueva estrategia.

¿Tu estrategia de marca no se implementa? Probablemente sea un problema cultural

En ASPID llevamos más de 20 años creando estrategias de marca para empresas industriales y B2B. Y si algo hemos aprendido es que la calidad de la estrategia rara vez es el problema.

El problema es la cultura organizacional que debe ejecutarla. No es falta de voluntad. Es que los cambios chocan contra normas culturales invisibles, hábitos arraigados, incentivos desalineados.

Por eso, cuando desarrollamos una estrategia de marca contigo, también te ayudamos a identificar qué barreras culturales pueden bloquear su implementación.

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